lunes, 3 de agosto de 2009

2.- Sublim arte




Sublimarte, idealizarte, crearte. Aprendí a construir con mis manos un mundo a mi medida. Tú me enseñaste a volar pero no me dijiste que eras mortal. ¿Cómo pudiste olvidarte?

Yo te creé y, sin embargo, tú ya existías antes de mi.

A los cinco años una profesora realizada, de las que realmente aman su trabajo, te hizo venir a la escuela para que le aseguraras que era mi mano quien hacía mis dibujos y láminas, que ese era tu legado para mí. La profesora, incrédula y recelosa ante un pensionista con alma de artista, respondió que era imposible y te recomendó que, si te aburrías, buscaras otro entretenimiento, que ya no tenías edad para andarte con chiquilladas.

Lo que gastamos en lápices de colores sólo lo sabemos tú y yo, porque mis compañeros de clase, cachorros entusiastas ante cualquier diferencia, decidieron que eran mágicos y que la mejor solución era la expoliación, es decir, la sustracción sin violencia sobre personas u objetos.

Y ahí empezó mi vida de outsider. La marginación social temprana entre iguales me proporcionó la compañía de un mundo interior muy rico... Pero creo que ya venía de antes eso de intentar traspasar las puertas o, mejor dicho, ni tan siquiera prestarles atención, porque una intelectual, ya se sabe, no puede perder tiempo en las trivialidades de la vida. ¡Qué renacuaja más pedante!

Los psicoanalistas kleinianos dicen que se nos escolariza a los cinco años porque, justo a esa edad, nuestra líbido descubre la "sublim acción". O sea, que dejamos de masturbarnos con el sofá o el agua de la ducha para ser el mejor en matemáticas, la mejor en artes marciales o el más gamberro de la clase. Y claro, a mis estrógenos les dio por pintar, leer y escribir.

1 comentario:

  1. Olá, gostei muito do seu blog! Aguardo uma visita no meu!
    Grande abraço!
    http://academiacameriniag.blogspot.com/

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