Mis hormonas moldearon mi cuerpo antes de que yo pudiera procesar los cambios, curvas peligrosas que me acompañarían de ahí en adelante en la vorágine vital. Recuerdo que la pérdida de mi cuerpo de niña a los 11 años me conmocionó. Sentía envidia de los hombres porque no tenían que pagar con dolor su sexualidad ni debían preocuparse por el cuento de las abejas y las flores.
Porque mis hormonas, a parte de deformar mi cuerpo, se encargaron de hacer que sintiera mi feminidad en lo más profundo de las entrañas. Antes de los 12 años ya estaba diagnosticada de dismenorrea aguda (nombre de enfermedad que sólo se refiere al síntoma, dolor menstrual agudo, y que ignora cualquier tipo de causa). Todo empezó un día que fui a pescar con mi padre y acabé viendo indios apaches a causa de la insolación y los "dolores monstruales".
A los 12 años, mi padre, que debió intoxicarse con algún alimento en mal estado, me dio el mejor consejo de su vida "no te fíes de los hombres, te dejarán embarazada". Aún hay veces que se lo recuerdo, ahora, que él estaría deseando ir a pescar con pequeñas hormonas que dejaran constancia de sus genes en la tierra.
Cuando tuve 14 años huí del colegio de monjas al que iba desde chiquitita (sí, en casa se cagaban en dios cada dos por tres pero yo debía leer sobre el milagro de la trinidad y creérmelo sin la ayuda de ninguna sustancia...) después de experimentar lo que esas devotas mujeres convenieron en llamar "crisis de fe". Sólo expuse en un examen de religión que dios era una metáfora del amor y que no había ningún credo que pudiera considerarse superior a los demás.
Salir de ahí fue como iniciar una nueva vida. Fui al instituto público, donde me demostré a mí misma que podía ser sociable, incluso descubrí que podía tener muchos amigos... Otra gran sorpresa fue ver que no era transparente, y que más de un chico perdía la vista entre mis curvas. Para una intelectual criada en el apartheid, éste fue un gran paso para el inicio de mis exploraciones hormonales... Cuerpo de mujer llamando a bomba de estrógeno, bomba de estrógeno, ¿me recibe?


